En estos tiempos de crisis el profesor Brandon, reflexiona:
«El principal apoyo a la idea de que debemos apretarnos el cinturón procede de gente que lleva tirantes»
Cuando el bueno de don Layo era joven, en la base aérea donde hacia su servicio militar, un pase para el fin de semana significaba unirse a una gran masa de soldados que hacían auto-stop hasta la ciudad más cercana.
A un lado de la autopista, frente a la puerta de la base, se alzaban docenas de pulgares mientras que el lado opuesto estaba desierto, excepto por un emprendedor y travieso trío que hacía auto-stop en dirección contraria.
Nada más levantar sus pulgares – Layo y sus dos camaradas – un amable conductor se detuvo para hacerles subir.
Tras recorrer unos pocos kilómetros los tres soldados pidieron que les dejaran bajar y cruzaron rápidamente la carretera. Pronto alguien los recogió y pasaron haciendo gestos de burla a sus sorprendidos compañeros que seguían esperando ante la puerta.
¡Lero lero! ¡toma toma! ¡bay baaaay!