El profesor Sir Layo Brandon, en la clase de laboratorio de química trabajaba a menudo ayudado por otros maestros, sobre todo con los grupos más inquietos y revoltosos. Un día comenzó a dar la práctica nada más entrar. Por el rabillo del ojo, vio que la guapa maestra que le ayudaba sacaba una barra de labios muy roja y, con gran cuidado, se pintaba los labios muy generosamente. «Que extraño en ella», se dijo.− Jóvenes, estoy segura de que nuestro profesor de química ha pensado que hoy me he conducido de modo muy extraño. ¿Alguno de ustedes querría explicárselo?
El alumno Quisbert que estuvo en el grupo, levantó la mano y habló:
− Ella nos dijo, que si alguno de nosotros se portaba muy bien hoy, le daría un beso muy fuerte.
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