Cuando un par de atracadores asaltaron al bueno de don Layo, él se defendió valerosamente. Al cabo de una paliza tremenda por ambas partes. Los ladrones lograron dominar a su víctima. Le revisaron los bolcillos, pero sólo le encontraron dos pesos. Los dos atracadores miraron con cara de asombro a la víctima, y uno de ellos dijo:
− ¿Cómo te has defendido tanto por sólo dos pesos?
El bueno de don Layo los miro a su vez:
− ¿Qué pasa? ¿Eso es todo lo que querían? Se los hubiera dado sin tanto jaleo. Yo pensaba que andaban tras mi billete de cien dólares que guardo en el zapato.
lunes, 30 de agosto de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
Redacción
−“¡Ay, Dios mío! – exclamo la princesa −. Estoy embarazada, ¡y no sé de quién!”.
domingo, 22 de agosto de 2010
Sin Vanidad
martes, 17 de agosto de 2010
Caída
En el huerto del padre del bueno de don Layo que era aún más bueno, había varios manzanos cuyos frutos estaban a punto de caerse. De pronto, una manzana cayó al suelo y sus compañeras, que seguían colgando de las ramas, empezaron a reírse de ella. Indignado, el abuelo les dijo:− ¡Cállense, inmaduras!
sábado, 14 de agosto de 2010
En El Cine
viernes, 13 de agosto de 2010
Cuestión De Práctica
Al tratar de explicar que era un milagro, el bueno de don Layo le dijo a su hija:−Imagínate que caes desde un tercer piso y no te pasa nada, ¿qué sería eso?
−Eso sería tener buena suerte, papá.
−Ahora imagínate que vuelves a caer y que tampoco te haces daño, ¿sigue siendo buena suerte?
−Eso sería tener verdaderamente buena suerte, papá.
− Pero, ¿y si caes una tercera vez y nada te sucede?
−Eso sería ‘cuestión de práctica’, papá.
lunes, 9 de agosto de 2010
El Paraguas
− ¿Por casualidad me dejé el paraguas en su casa? – me preguntó un día el padre del bueno de don Layo que era aún más bueno que había venido a visitarme hacía ya algún tiempo.−Sí, se lo dejó aquí – le respondí.
Después de darme las gracias efusivamente, agregó:
− Al menos usted es honrado. He preguntado a cantidad de gente si me había dejado el paraguas en su casa, y todos han respondido que no.
Aprobado
En la Fuerza Aérea, parte del procedimiento de selección de hombres consistía en plantear al candidato una situación hipotética que no admitía respuesta correcta alguna. Después, éste debía discurrir la solución que proponía con el grupo de seleccionadores, quienes intentaban hacerle cambiar de opinión y observaban sus reacciones. Durante una de las entrevistas se pidió al cadete Brandon, que imaginara que iba conduciendo un automóvil deportivo de dos plazas, un día muy frio. Y que al pasar por una parada de autobús reconocía a una anciana que vive en el departamento contiguo al suyo y padece artritis, también a un cirujano que en cierta ocasión le salvó la vida y a una bella joven por la que había estado interesado desde hace tiempo. ¿A quién llevaría?Sin titubear, el cadete Brandon respondió que habría entregado las llaves del coche al médico, para pedirle que llevara a la anciana a casa. Y él, por su parte, se habría quedado a esperar el autobús, siguiendo los dictados de su corazón.
viernes, 30 de julio de 2010
Buen Abogado
martes, 27 de julio de 2010
El Director
El profesor Layo Brandon, dio el tema de composición a sus jóvenes alumnos: “Si yo fuese el director de una compañía…”Todos los niños se inclinaron sobre sus cuadernos y empezaron a escribir. Todos menos uno.
− ¿Mario Quisbert, por qué no comienza su ejercicio? – le preguntó el profesor Brandon.
−Estoy esperando a mi secretaria – contestó el muchacho.
miércoles, 21 de julio de 2010
Por Etapas
El profesor Brandon le preguntó a Mario Quisbert cuantos años tenía.−Doce – fue la respuesta.
−Hmm – replicó el profesor −. Estás muy bien constituido para tu edad.
−Es lógico – repuso el muchacho −. Mi padre es albañil.
−Y – añadió su hermana – lo está construyendo por etapas. El piso de arriba necesita todavía mucho trabajo.
lunes, 5 de julio de 2010
Quisbert y el profesor Brandon (I)
No comprendo para qué sirven los maestros en las escuelas, pues he podido observar que los maestros, en vez de enseñarnos lo que son las cosas se pasan el día preguntándonoslas.−Vamos a ver, señor Quisbert – dice el profesor Layo Brandon − ¿Qué es meseta?
−Señor Quisbert –otra vez sin dar tregua − ¿podría usted decirme lo que es una raíz cuadrada?
Yo pienso, que, para ese viaje, no se necesitan alforjas, aunque también creo que no se necesitan alforjas para ningún viaje, ni he visto, hasta ahora, a nadie que viaje con alforjas. Si digo esto de las alforjas es porque lo dice mi abuelita que dice muchas cosas de éstas.
Lo que yo quiero decir, en realidad, es que no hay razón para que los niños vayamos al colegio a enseñar al profesor lo que es una meseta y lo que es una raíz cuadrada. Y, por si todo esto fuera poco, encima le tenemos que pagar a fin de mes.
Ayer, cansado de tanta pregunta impertinente, tuvimos el siguiente diálogo:
−Vamos a ver, señor Quisbert; ¿quiere usted decirme lo que es Geometría? – preguntó el profesor.
−No, señor – respondí yo.
− ¿Y en cuantas partes se divide «no, señor»?
−En las que a usted no le importa.
− ¿Podría usted ponerme un ejemplo?
−Podría ponerle un ejemplo, pero no me da la gana de ponérselo.
− ¿Está usted seguro?
−Sí, señor.
− ¿Querría usted decirme cuántas clases de «sí, señor» hay?
−Dos. A saber; sí, señor, y no, señor.
−Muchas gracias. Queda usted aprobado.
Verdaderamente no hay derecho a hacer tanta pregunta, pues, según he oído decir, “el que quiera saber, que vaya a Roma”, aunque, a mi modo de entender, el que va a Roma lo único que acaba por saber es cómo es Roma.
Así es que he pensado que como el maestro siga preguntándome tantas cosas, voy a dejar de ir al colegio y me voy a colocar en una oficina de información, que es donde nadie pregunta nada.
Quisbert y el profesor Brandon (II)
Cada día me fío menos de las personas mayores. El profesor Layo Brandon, después de pasarse la vida diciendo que si debemos aprender de los animales, y que si yo no sé qué cuántas cosas de los animales, luego, en la práctica, no tiene en cuenta nada de lo que ha dicho de los animales.Digo esto porque, desde hace varios días, no hace más que hablarnos de los inocentes pajarillos que cantan en la enramada sus alegres canciones de primavera…
Pues bien; la otra tarde, cuando iba yo con mi madre por la compra, encontré a don Layo en un puesto de comida comiéndose un pajarito frito, sin tener en cuenta nada de sus alegres canciones de primavera ni su nada. No contento con esto, cuando acabó de comerse al pajarito, pidió unos pequeños pececillos, que creo que se llaman ispis, y se los comió sin la menor consideración y sin derramar ni una sola lágrima.
Después comentó con la cocinera sobre una cabeza decapitada que estaba siendo introducida en una gran olla, que, según puede oír, era de un pobre corderito. Decía que ese era uno de los más exquisitos platos de Guaqui – su tierra natal – sin el menor remordimiento.
− ¡Dios mío! – exclamé para mis adentros –. Este don Layo es un farsante.
Al día siguiente, cuando en la clase empezó a hablarnos de los coleópteros y de la vida de los coleópteros, exclamé:
−Dígame, profesor Brandon, ¿se comen los coleópteros?
Don Layo puso cara de asombro y me preguntó:
− ¿A qué viene esa pregunta, Señor Quisbert?
−Viene – respondí yo – a que el otro día nos habló de los pajarillos y luego se estaba comiendo uno del tamaño de una manta de viaje. Por lo tanto, no me extrañaría nada que tuviera usted hoy para almorzar coleópteros con tomate o coleópteros en su tinta.
Don Layo monto en cólera y, después de grades gritos, dijo que no toleraba bromas de esa clase y que escribiera en un papel la palabra coleóptero mil doscientas veinticinco veces.
Yo, mientras cumplía mi castigo, pensé, que en esta vida no por mucho madrugar se amanece más temprano.
Quisbert y el profesor Brandon (III)
Dábamos nuestra clase de Gramática. El profesor Layo Brandon dirigiéndose a nosotros dijo:−Si queremos nombrar personas, animales o cosas, nos valemos de unas palabras que se llaman nombres o sustantivos, como Vicente, canario, rosal. Pero si queremos decir lo que son, o lo que hacen o como están estos seres, entonces necesitamos de otra clase de palabras llamadas verbos. Veamos unos ejemplos: Vicente es zapatero. El canario canta. El rosal crece. Las palabras «es» y «crece» son los verbos.
Dicho esto don Layo me preguntó:
−Vamos a ver, señor Quisbert, ¿ha entendido bien esto?
−No, señor – respondí −, ni lo he entendido, ni me importa un comino todo lo que ha dicho.
− ¿Cómo que no le importa? – gritó iracundo don Layo −. ¿Para quién hablo, entonces?
−Digo que no me importa – aclaré −, por la sencilla razón de que el que Vicente sea zapatero o carpintero, a mí ni me va ni me viene. Allá él con sus problemas. Además cuando yo sea mayor, lo más probable es que Vicente se haya cansado de ser zapatero o se haya ido a vivir a otro bendito pueblo. Por otra parte, no conozco a ese Vicente ni de vista. Tampoco me interesa lo más mínimo que el canario cante o deje de cantar, pues no pienso tener canarios en mi vida, y si los tengo prefiero que no canten para que no me den la lata. Y respecto a lo de que crezca el rosal, allá él, pues no voy a perder mi tiempo viendo cómo crece un rosal que, al fin y al cabo, no es nada mío.
− ¿Y los verbos? – gritó don Layo −. ¿Tampoco le interesan los verbos?
− ¿Los verbos?... ¿Qué quiere usted que haga con los verbos? Mi madre dice que ahora lo único que tiene importancia es la comida, y no querrá usted que me coma los verbos.
Don Layo montó en cólera y exclamó:
− ¡Eres un estúpido y un ignorante y, si no aprendes los verbos, nunca sabrás que en el verbo hay tres personas!
− ¿Y qué importancia puede tener una cosa en la que sólo hay tres personas? Si el verbo fuera más interesante estaría lleno de gente… ¿Quiénes son esas tres personas?
−Esas tres personas son; yo, tú y él.
− ¿Yo?...
−Sí, tú eres la segunda persona.
−Claro, y usted la primera. ¡Siempre tan egoísta!
Don Layo se puso rojo como un pimiento rojo y, cogiendo la regla, me dio cuarenta palmetazos y me arrancó una de mis patillas.
Quisbert y el profesor Brandon (IV)
El otro día, durante la clase, pregunté al profesor Layo Brandon:−Dígame, profesor Brandon, ¿porqué son negros los negros?
Don Layo me miró con aire superior y exclamó:
− ¡Que pregunta tan tonta, señor Quisbert! Los negros son negros porque…
No llegó a acabar la frase. Me miró con asombro y murmuró después en voz baja:
− ¡Caramba, pues es verdad! ¿Por qué serán negros los negros?
Luego observó con miedo a todos los discípulos, temeroso de que le hubieran oído y dijo:
−Pues bien, hijo mío, la respuesta a esa pregunta es bien sencilla; los negros son negros para que sepamos que son negros. Si los negros fueran verdes, o fueran colorados, o fueran a rayas, ¿cómo íbamos a saber que eran negros? Además, otra de las razones de que sean negros es porque nosotros somos blancos. El negro es negro con relación al blanco, así como el blanco es blanco con relación al negro. En la vida todo es relativo. Existen hombres altos porque los comparamos con los hombres bajos y sabemos que un hombre es bajo cuando está al lado de un hombre alto.
Después, don Layo cogió un pedazo de tiza y se dirigió a la pizarra. Borró lo que había en ella y dijo, mientras unía la acción a la palabra:
−Supongamos que tenemos un cubo…
Dicho esto, guardó silencio un momento.
¿Para qué habrá dibujado un cubo don Layo? – pensé −. Cuando él dibuja un cubo debe tener una razón muy poderosa. Él no es de esas personas que dibujan un cubo por dibujar algo.
Don Layo volvió a repetir:
−Si tenemos un cubo…
Después empezó a escribir números y signos misteriosos, mientras seguía diciendo:
−Supongamos que tenemos un cubo…
De pronto, calló. Sacó el reloj de bolcillo de su chaleco y, después de dirigirle una mirada y otra a nosotros, dijo:
−Niños, ya es hora de salida. Lo siento, pero otro día demostraré científicamente porqué razón los negros son negros.
domingo, 4 de julio de 2010
Historia
Esto de estudiar es una gran cosa, porque acaba uno por enterarse de todo. Ahora me he decidido a estudiar Historia, que es un libro que cuenta lo que ha pasado antes de lo que está pasando.Según la Historia, que por lo visto ya vivía en aquellos tiempos, el primer hombre que vivió en la Tierra fue el hombre primitivo. Parece ser que en la época en que vivía el hombre primitivo no había teletransportación, cosa que tampoco hay ahora, ni casas, ni carreteras, ni metales, ni fuego y ni siquiera se había estrenado ‘La guerra del fuego’ de Jean Jacques Annaud.
Por lo tanto, el hombre primitivo no sabía qué hacer y se pasaba el día metido en una cueva dejándose crecer el pelo.
Los primeros hombres primitivos tuvieron la mala suerte de vivir en una época que se llamaba período paleolítico, en el que lo único que se conocía eran las piedras, y como, por lo que se ve, tampoco en aquella época los hombres se llevaban demasiado bien, en cuanto tenían la menor ocasión, por menos de un 'quítame allá esa piedra', armaban una guerra de aúpa.
Generalmente, el motivo de las disputas de entonces era por si unos tenían más piedras que otros, y como la guerra consistía en tirarse piedras los unos a los otros y los otros a los unos, resultaba que ganaba la guerra el que perdía la guerra, ya que era éste el que acababa teniendo más piedras que nadie.
Afortunadamente, los hombres primitivos se cansaron de ser primitivos y de tanta piedra, y organizaron una cosa que se llama la Prehistoria, que consistía en que los hombres, en vez de ser tan primitivos y en vez de dejarse crecer el pelo, se dedicaban a pintar bisontes en las paredes de las cuevas, con el fin de que las generaciones posteriores se dieran cuenta de que ellos eran unos prehistóricos.
(Redacción del alumno Mario Quisbert, para la clase de Historia del Profesor Brandon).
lunes, 21 de junio de 2010
Primera Semana
sábado, 19 de junio de 2010
Infinito
Era un día precioso, por lo que los alumnos del profesor Layo Brandon, entraron a la clase de muy mala gana y más aun sabiendo que sería de Filosofía. El profesor advirtiendo el desgano de sus alumnos, preguntó si alguien sabía el significado de la palabra infinito. Como nadie contestaba, empezó a trazar una línea, con tiza; cruzó la pizarra, subió por la pared izquierda del aula y salió por la puerta. Al transcurrir un cuarto de hora sin que volviera, los alumnos empezaron a marcharse.Dos días después, a la hora de la clase de Filosofía, entro el profesor Brandon, tiza en mano, y continuó dibujando la línea, desde la parte superior de la pared derecha del aula, y la unió a la que había dejado trazada previamente. «Ésta», comentó, «es mi definición de infinito».
viernes, 18 de junio de 2010
Creados
jueves, 17 de junio de 2010
En Cuadernos
El creador del querido profesor Layo Brandon con fama en la red, no usa el ordenador, sino que antes escribe sus historias y aventuras a mano en cuadernos escolares. Cierto día, una niña le oyó pedir un cuaderno en la papelería de la esquina.
− ¿Es para usted? – le preguntó la pequeña, sorprendida.
−Sí – respondió el eminente cuadragenario.
Ella le miró de arriba abajo y luego, con una sonrisa comprensiva, le tiró de la manga y le hizo saber por señas que quería decirle algo confidencial. El se agachó y la niña le dijo al oído:
− ¡Ánimo, usted lo conseguirá! No es tan difícil aprender a escribir.
lunes, 14 de junio de 2010
Botones
Cierta vez que el profesor Layo Brandon se encontraba en Washington para estudiar historia, logró convencer a uno de los ayudantes del presidente norteamericano para que le enseñara la histórica Habitación Oval de la Casa Blanca, donde se toman tantas decisiones gubernamentales. El presidente y su familia se hallaban fuera. Por lo que pidió que se le permitiera sentarse en el sillón del Presidente durante unos instantes. Concedido su ruego, se hundió en aquel asiento de cuero con las manos en sus amplios brazos, y miró la mesa que tenía ante él. Comprobó que debajo de la tapa de ésta había un panel de cuatro botones de distintos colores: rojo, azul, verde y blanco. ¡Ah!, pensó. ¡La tremenda responsabilidad del poder! Se preguntó cuál de ellos establecería contacto con el Pentágono, con el Kremlin, con la China o incluso cuál accionaría el mecanismo capaz de desencadenar una guerra nuclear que arrasara nuestra civilización. Pueden ustedes imaginarse el drama, la tensión que pondría en su relato académico estudiantil, ya de retorno a su centro de enseñanza. Pero, coincidentemente, la semana en que contaría la experiencia de su viaje y aquella increíble visita, una revista internacional publicó un artículo suelto. En el mismo se informaba que se habían instalado cuatro botones de colores en la mesa del presidente norteamericano en la Habitación Oval: uno, de color blanco, para pedir leche; otro, rojo, para el café; un tercero, azul, para los refrescos; y el último, verde, para que trajeran un vaso de agua.
jueves, 10 de junio de 2010
Las Cartas Del Pájaro
Cierto día de visita en su tierra natal, el bueno del profesor Layo Brandon − «el pájaro» −, educador y hombre de ciencia, encontró un globo cerca de la casa de sus padres en Guaqui, un pueblo boliviano al sudeste del lago más alto del mundo llamado Titicaca, a 80 kilómetros de La Paz, la capital. Prendida al aeróstato halló una tarjeta que decía que éste había sido lanzado por la clase de ciencias del sexto curso de enseñanza primaria en Chucuito, pueblo peruano al oeste del mismo lago, a 20 kilómetros de Puno. El globo se habría desplazado en vuelo una distancia aproximada de 170 kilómetros, empujado por vientos de la Cordillera Occidental. En la nota se pedía a quien lo encontrase que escribiera a los alumnos diciendo dónde había aterrizado. El profesor Brandon, que se disponía a salir en un viaje de cuatro meses alrededor del mundo, envió a los niños una carta en la que decía simplemente: «Soy un pájaro. Me llamo Aguja Colipinta». Se autodenomino así con el nombre común de la Limosa Lapponica, en honor a esta especie de ave que hace el vuelo más largo sin paradas que se conozca.
Durante los cuatro meses siguientes, los niños recibieron por semana cartas que les enviaba el pájaro. Llegaron de lugares como Filadelfia, una ciudad del estado de Pensilvania y gran centro industrial a orillas del Dalaware en los Estados Unidos; de Bergen, con su impresionante comercio de pescado y maderas en Noruega; de Valencia, la tercera más grande ciudad de España, situada frente al Mediterráneo; de Ciudad del Cabo, una de las ciudades más pobladas de Sudáfrica, bella y bañada por las aguas entremezcladas del océano Atlántico e Índico; de Pekín, la capital de China con sus millones de habitantes, dividida en cuatro partes distintas con la ciudad prohibida en su centro; y entre otros también como de Melbourne, anterior capital de Australia y actualmente su puerto más importante.
Los asombrados muchachos seguían los viajes de la Aguja Colipinta en el mapamundi de la clase. En sus cartas, el pájaro describía las costumbres, la alimentación y las características más sobresalientes de cada sitio en los países recorridos.
En cada sobre enviaba también un trozo de la tarjeta que los niños habían unido al globo. Conforme llegaban aquellos, los alumnos iban formando de nuevo la tarjeta. Cuando recibieron la última pieza del rompecabezas desde Guaqui – Lago Titicaca, La paz – Bolivia, los chicos supieron dónde había comenzado y finalizado el viaje del pájaro. Escribieron una carta a las autoridades de ese pueblo boliviano, y descubrieron la identidad de la Aguja Colipinta, la verdadera.
En cualquier caso, los niños pasaron cuatros meses llenos de interés y entusiasmo. Su conocimiento del mundo se amplió y su curiosidad hizo que el proceso de aprender se convirtiera en algo muy divertido.
¿Cómo se le ocurrió la idea al profesor Brandon?
Los vientos del destino llevaron el globo hasta él y, como bueno e inteligente que es, no pudo resistir la tentación de dar a aquellos niños algo más de lo que esperaban. Además, al compartir con los chicos, su viaje adquirió una incomparable belleza y un gran interés.
miércoles, 2 de junio de 2010
Una Letra
Cuando el pequeño Mario Quisbert cursaba el 1º de primaria y, de acuerdo con el programa oficial para la enseñanza de la escritura, la maestra dedicó un día al aprendizaje de la primera letra: la vocal “a”. Al otro día quiso ver cuánto habían aprendido los niños antes de continuar con el estudio de la siguiente vocal.−Abran sus cuadernos – ordenó – y llenen una página con la letra que aprendimos ayer.
Cuando aún no había terminado de dar las instrucciones, Mario le preguntó:
− ¿Es que no sabes otra letra, profesora?
lunes, 24 de mayo de 2010
Cinturón
martes, 18 de mayo de 2010
Auto-Stop
Cuando el bueno de don Layo era joven, en la base aérea donde hacia su servicio militar, un pase para el fin de semana significaba unirse a una gran masa de soldados que hacían auto-stop hasta la ciudad más cercana.A un lado de la autopista, frente a la puerta de la base, se alzaban docenas de pulgares mientras que el lado opuesto estaba desierto, excepto por un emprendedor y travieso trío que hacía auto-stop en dirección contraria.
Nada más levantar sus pulgares – Layo y sus dos camaradas – un amable conductor se detuvo para hacerles subir.
Tras recorrer unos pocos kilómetros los tres soldados pidieron que les dejaran bajar y cruzaron rápidamente la carretera. Pronto alguien los recogió y pasaron haciendo gestos de burla a sus sorprendidos compañeros que seguían esperando ante la puerta.
¡Lero lero! ¡toma toma! ¡bay baaaay!
lunes, 26 de abril de 2010
Babel
Dos elefantes, se balanceaban, sobre la tela de una… (¡ups!, esta es otra historia)
Dos elefantes, regalados por la India a Guaqui causaron sensación al mismo tiempo que un problema de idiomas en dicho pueblo costero al lago más alto del mundo. Los elefantes ‘Indirani’, de ocho años y ‘Govindan’, de cinco, fueron la atracción tanto de los niños como de los adultos de Guaqui, que no habían visto antes un elefante en su pueblo. El problema surgió cuando los cornacas indios trataron de enseñar la forma de manejar los animales a los guardianes de zoo de Guaqui que solamente hablaban aimara. Los elefantes, por su parte, solo entendían las órdenes en hindi. La cuestión planteada a los guaqueños era la de si debían enseñar hindi a los guardianes, o bien aimara a los elefantes.
(El bueno de don Layo, estaba ausente y no pudo ayudar a resolver el dilema).
Dos elefantes, regalados por la India a Guaqui causaron sensación al mismo tiempo que un problema de idiomas en dicho pueblo costero al lago más alto del mundo. Los elefantes ‘Indirani’, de ocho años y ‘Govindan’, de cinco, fueron la atracción tanto de los niños como de los adultos de Guaqui, que no habían visto antes un elefante en su pueblo. El problema surgió cuando los cornacas indios trataron de enseñar la forma de manejar los animales a los guardianes de zoo de Guaqui que solamente hablaban aimara. Los elefantes, por su parte, solo entendían las órdenes en hindi. La cuestión planteada a los guaqueños era la de si debían enseñar hindi a los guardianes, o bien aimara a los elefantes.
(El bueno de don Layo, estaba ausente y no pudo ayudar a resolver el dilema).
martes, 20 de abril de 2010
Economía Simple
Sombra
El profesor Brandon no quitaba los ojos de encima a su alumno Quisbert, que jugaba en el patio del colegio en la hora del recreo. El niño miraba al suelo atentamente, como si buscase algo. De repente, se tumbó todo lo largo que era sobre el suelo.− ¿Qué estás haciendo? – le preguntó el profesor.
− Sólo quiero ver si mi sombra me queda bien −. Dijo el curioso alumno.
martes, 13 de abril de 2010
La Bondad De Don Layo Vs. La Sabiduría De Otro
El avión tenía tres pasajeros; un boy scout, el bueno de don Layo y el hombre más sabio de Inglaterra. De pronto, el piloto anunció la inminencia de un accidente fatal. «Por desgracia», añadió, «sólo disponemos de tres paracaídas. Yo he de usar uno de ellos a fin de poder informar sobre el suceso».«Chiquitín», dijo el bueno de don Layo dirigiéndose al boy scout, «yo he tenido ya una vida y tú sólo has empezado a vivirla. Coge el último paracaídas… y buena suerte».
«No se preocupe señor», repuso el pequeño. «Todavía tenemos dos paracaídas. El hombre más sabio de Inglaterra se ha llevado mi mochila».
sábado, 27 de marzo de 2010
Hamlet
Mejor Que En Su Casa
El nuevo director de un manicomio se dirige a un paciente:
− ¿Y usted por qué esta aquí?
−Verá, doctor –contesta el interno, que es el bueno de don Layo −. Yo me casé con una mujer viuda que tenía una hija adulta. Mi padre, también viudo, se casó con esa chica. Así, mi mujer se convirtió en suegra de su suegro, y su hija en hijastra y madrastra mía a la vez. Mi padre tuvo un hijo, mi hermano, que era al mismo tiempo nieto de mi mujer. Yo tuve también una hija, que es cuñada de su abuelo, y al mismo tiempo tía carnal de su tío carnal, o sea, del hijo de mi padre, que es mi hermano. Por su parte, mi padre dice siempre “mi cuñada” al hablar de su nieta; y mi hija llama “abuela” a la que es hermana suya. Yo tengo ahora la impresión de ser padre de mi madre y hermano de mi nieto, así como de tener una mujer que es hija de su yerno y hermana de su nieto. A estas horas ya no sé si soy mi propio abuelo, el padre de mi hermana o el sobrino de mi hija, puesto que ésta es hermana política de mi padre. Por todo esto, señor, estoy aquí; vivo más tranquilo que en casa.
− ¿Y usted por qué esta aquí?
−Verá, doctor –contesta el interno, que es el bueno de don Layo −. Yo me casé con una mujer viuda que tenía una hija adulta. Mi padre, también viudo, se casó con esa chica. Así, mi mujer se convirtió en suegra de su suegro, y su hija en hijastra y madrastra mía a la vez. Mi padre tuvo un hijo, mi hermano, que era al mismo tiempo nieto de mi mujer. Yo tuve también una hija, que es cuñada de su abuelo, y al mismo tiempo tía carnal de su tío carnal, o sea, del hijo de mi padre, que es mi hermano. Por su parte, mi padre dice siempre “mi cuñada” al hablar de su nieta; y mi hija llama “abuela” a la que es hermana suya. Yo tengo ahora la impresión de ser padre de mi madre y hermano de mi nieto, así como de tener una mujer que es hija de su yerno y hermana de su nieto. A estas horas ya no sé si soy mi propio abuelo, el padre de mi hermana o el sobrino de mi hija, puesto que ésta es hermana política de mi padre. Por todo esto, señor, estoy aquí; vivo más tranquilo que en casa.
domingo, 21 de marzo de 2010
No Es Lo Mismo
El bueno de don Layo cuando iba a ser operado en el hospital, recibió la visita del anestesista para explicarle los preparativos y responder a cualquier pregunta que el deseara formularle. Luego de presentarse, el enfermo dijo:−Usted es quien va a hacerme dormir mañana.
−No – aclaró el anestesista −; yo soy quien va a encargarse de que despierte.
¿Cómo dijo, abuelo?
viernes, 19 de marzo de 2010
Probados
martes, 23 de febrero de 2010
Interpretación
El profesor Layo Brandon, en su clase de Música pidió a su alumno Quisbert, que interpretara el poema siguiente:Por las rejas de la prisión,
dos presos miraron fuera.
Uno el lodo sólo vio,
el otro vio las estrellas.
Quisbert, el pequeño y travieso alumno, que en esta ocasión estaba además pesimista, explicó: «Dos hombres estaban asomados a la ventana de su celda. Mientras uno miraba el barro, al otro le dieron un golpe en la cabeza.»
Ojo Clínico
El ya anciano padre del bueno de don Layo, que era aún más buen, fue al médico y éste le dijo:− Su estado parece crítico. Al observar su ojo derecho, veo que tiene neumonía y reumatismo.
El anciano le contestó:
− Pues mire usted el otro ahora, porque da la casualidad que mi ojo derecho es de cristal.
domingo, 21 de febrero de 2010
Cumpliendo tareas
domingo, 7 de febrero de 2010
Efectividad
El padre del bueno de don Layo que era aún más bueno, un buen día después del almuerzo se quejo de indigestión. Su nuera la señora Yola, que siempre estaba preparada para tales casos, le ofreció unas pastillas.«Me niego a tomar esa medicina», protestó el abuelo, al ver la caja. «Todas las noches aparece tres o cuatro veces en la televisión una señora quejándose de indigestión, y luego se toma esas pastillas. ¡Y por lo visto no le han sido de ningún provecho!»
lunes, 25 de enero de 2010
Amanecer
Cuando el bueno de don Layo tenía apenas veinte años y, anunció que se casaría al amanecer y en el jardín de su casa, las protestas de sus padres fueron casi unánimes. Aquello no estaba bien; las normas de etiqueta social no lo aprobaban; era demasiado temprano. ¿Qué diría la gente? ¡Locuras de juventud! Pero no hubo maneras de disuadir al joven novio ni menos a la novia, la señorita Yola. Imagínense aquel fresco amanecer. El rocío aún humedecía la hierba. El altar rebosaba de flores. Reinaba el silencio entre la escasa y entumecida concurrencia. El sacerdote acababa de pronunciar las últimas palabras sagradas uniendo de por vida a los dos jóvenes. Entonces, la pareja dio media vuelta hacia el horizonte, y el Sol escogió ese preciso instante para asomarse tras una colina y baño con sus primeros rayos los dos rostros radiantes y enamorados. ¿Quién dijo “locuras de juventud”?
miércoles, 20 de enero de 2010
Disección
En sus años de Universidad, el bueno de don Layo y su compañera de estudios fueron a un barrio periférico de la ciudad que se encontraba junto a un rio, en busca de un anfibio para la clase de Biología. Y se toparon con una escena insólita:“Una adivina, ante la bola de cristal, hablaba a su cliente, una rana:
−Conocerás a una joven hermosa, que vendrá con un acompañante. En cuanto te vea, le invadirá un deseo insaciable de conocerte a fondo. Sentirá un irresistible impulso de acercarse a ti, de ver cómo palpitas. Le fascinarás.
− ¿Dónde será? ¿En un club de solteros?− preguntó la rana.
−En una lección de Biología – le contestó la adivina”.
sábado, 16 de enero de 2010
Primeros Auxilios
Mario Quisbert pese a vivir en una zona en su mayoría católica, un ‘hermano evangelista’ no desistía de su labor como instructor de los Boy Scouts del barrio. Un día, Mario llego tarde a la clase de primeros auxilios. El ‘hermano’ sostenía en brazos a uno de los niños y decía; «Bueno, ya le hemos extraído el objeto de la garganta, pero todavía no respira. ¿Qué hacemos?». Nadie contestó. Repitió la pregunta sin obtener respuesta. Cuando, casi suplicante, pidió por tercera vez que le contestaran, se oyó la voz de Mario muy suave que repondría preguntando: «¿Llamamos al cura?»
Cambio de Nombres
En casa del bueno de don Layo.−Si no le importa – le dijo la señora Yola a su nueva empleada doméstica −, la llamaré María. Así se llamaba mi anterior empleada y me disgusta tener que cambiar de costumbres.
martes, 12 de enero de 2010
Besos o Pelea
Un padre de familia, de visita en el colegio observaba a los niños en el patio a la hora del recreo. Cuando vio un par de chiquillos de unos diez años que se peleaban en el suelo. Un círculo de amigos les jaleaba. El profesor Brandon que pasaba junto a ellos dijo algo, e inmediatamente los chicos se separaron y el grupo se alejó entre risas. Aquello impresionó al visitante, tanto que detuvo al profesor y le preguntó qué había sucedido. Él le contestó: «Uno de los niños, que miraban se volvió hacia mí y dijo: ‘¡Vaya pelea! Yo observé a los muchachos y comenté en voz alta: ‘¿Pelea? ¡Daba la impresión de que se estaban besando!’» «Nunca falla», continuó. «A ningún chico de diez años le gusta dar la impresión de que está besando algo».
jueves, 7 de enero de 2010
Lo Más Difícil
Una amiga del bueno de don Layo estaba a punto de dar a luz a su primer hijo. Al ver que los dolores del parto eran cada vez más fuetes y frecuentes, preguntó al bueno de su amigo antes que a su enfermera:− Amiga, esto será lo más sencillo. Lo difícil durará durante los próximos dieciocho años.
martes, 5 de enero de 2010
Menuda Salida
El profesor Layo Brandon en su clase de Bellas Artes, examinaba la deficiente pintura de su alumno apellidado Quisbert, que representaba un rio y su ladera, entonces el profesor le sugirió que mejorara su composición añadiéndole uno o dos pescadores, convenientemente situados. No tardó el alumno en reclinarse en su asiento, satisfecho, tras haber terminado su trabajo. El pícaro había disimulado muy ingeniosamente su incapacidad para pintar figuras humanas agregando, a la orilla del rio, un letrero que advertía: «PROHIBIDO PESCAR».domingo, 3 de enero de 2010
Dieta Sana
En los últimos años, el bueno de don Layo, ha procurado que su familia se alimente de un modo más sano. Su hija Yolita a menudo expresa su disgusto por ese motivo. Una tarde, cuando don Layo volvió del supermercado, su hija empezó a sacar las cosas de las bolsas. « ¡No, por favor!», dijo al tiempo que mostraba en alto unas servilletas de papel color tierra. « ¡Servilletas de cereal integral, no!».
Excusa de Excusas
Alumno del profesor Brandon, Mario Quisbert que empezaba a salir con chicas, le preguntó a su profesor por su mayor experiencia:− ¿Qué haría usted si se hubiera citado con una chica y, después de esperarla durante más de dos horas, se diera cuenta de que la ha dado un plantón?
−Le escribiría un mensaje diciéndole, que sentí mucho no haber acudido a la cita porque tuve un imprevisto a última hora.
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