lunes, 26 de abril de 2010

Paciente Espera

El bueno de don Layo, espera pacientemente en la ‘sala de espera’, en el consultorio de su dentista. De pronto sale su asistenta y comenta con la recepcionista: «Hoy sí que vamos bien. El doctor ya está listo para ver al paciente de las tres y sólo son las cuatro y media».

Babel

Dos elefantes, se balanceaban, sobre la tela de una… (¡ups!, esta es otra historia)
Dos elefantes, regalados por la India a Guaqui causaron sensación al mismo tiempo que un problema de idiomas en dicho pueblo costero al lago más alto del mundo. Los elefantes ‘Indirani’, de ocho años y ‘Govindan’, de cinco, fueron la atracción tanto de los niños como de los adultos de Guaqui, que no habían visto antes un elefante en su pueblo. El problema surgió cuando los cornacas indios trataron de enseñar la forma de manejar los animales a los guardianes de zoo de Guaqui que solamente hablaban aimara. Los elefantes, por su parte, solo entendían las órdenes en hindi. La cuestión planteada a los guaqueños era la de si debían enseñar hindi a los guardianes, o bien aimara a los elefantes.
(El bueno de don Layo, estaba ausente y no pudo ayudar a resolver el dilema).

martes, 20 de abril de 2010

Economía Simple

A la salida de un supermercado, doña Yola comenta con su esposo el bueno de don Layo: «Es una ley simple de economía, querido: el trigo sube, sube el pan; el trigo baja, el pan se queda arriba».

Sombra

El profesor Brandon no quitaba los ojos de encima a su alumno Quisbert, que jugaba en el patio del colegio en la hora del recreo. El niño miraba al suelo atentamente, como si buscase algo. De repente, se tumbó todo lo largo que era sobre el suelo.
¿Qué estás haciendo? – le preguntó el profesor.
Sólo quiero ver si mi sombra me queda bien −. Dijo el curioso alumno.

martes, 13 de abril de 2010

La Bondad De Don Layo Vs. La Sabiduría De Otro

El avión tenía tres pasajeros; un boy scout, el bueno de don Layo y el hombre más sabio de Inglaterra. De pronto, el piloto anunció la inminencia de un accidente fatal. «Por desgracia», añadió, «sólo disponemos de tres paracaídas. Yo he de usar uno de ellos a fin de poder informar sobre el suceso».
«Y yo tengo que utilizar el otro», dijo el sabio, «porque todavía he de hacer una gran contribución a la humanidad». Dicho esto, saltó junto con el piloto.
«Chiquitín», dijo el bueno de don Layo dirigiéndose al boy scout, «yo he tenido ya una vida y tú sólo has empezado a vivirla. Coge el último paracaídas… y buena suerte».
«No se preocupe señor», repuso el pequeño. «Todavía tenemos dos paracaídas. El hombre más sabio de Inglaterra se ha llevado mi mochila».

sábado, 27 de marzo de 2010

Hamlet

El profesor Layo Brandon escribe la invitación, que le encarga el grupo teatral:
«Los alumnos de cuarto grado presentarán Hamlet, de Shakespeare, en el Salón de Actos del colegio, el viernes a las siete de la noche. Se invita a la comunidad estudiantil a asistir a esta tragedia».

Mejor Que En Su Casa

El nuevo director de un manicomio se dirige a un paciente:
¿Y usted por qué esta aquí?
Verá, doctor –contesta el interno, que es el bueno de don Layo −. Yo me casé con una mujer viuda que tenía una hija adulta. Mi padre, también viudo, se casó con esa chica. Así, mi mujer se convirtió en suegra de su suegro, y su hija en hijastra y madrastra mía a la vez. Mi padre tuvo un hijo, mi hermano, que era al mismo tiempo nieto de mi mujer. Yo tuve también una hija, que es cuñada de su abuelo, y al mismo tiempo tía carnal de su tío carnal, o sea, del hijo de mi padre, que es mi hermano. Por su parte, mi padre dice siempre “mi cuñada” al hablar de su nieta; y mi hija llama “abuela” a la que es hermana suya. Yo tengo ahora la impresión de ser padre de mi madre y hermano de mi nieto, así como de tener una mujer que es hija de su yerno y hermana de su nieto. A estas horas ya no sé si soy mi propio abuelo, el padre de mi hermana o el sobrino de mi hija, puesto que ésta es hermana política de mi padre. Por todo esto, señor, estoy aquí; vivo más tranquilo que en casa.

domingo, 21 de marzo de 2010

No Es Lo Mismo

El bueno de don Layo cuando iba a ser operado en el hospital, recibió la visita del anestesista para explicarle los preparativos y responder a cualquier pregunta que el deseara formularle. Luego de presentarse, el enfermo dijo:
Usted es quien va a hacerme dormir mañana.
No – aclaró el anestesista −; yo soy quien va a encargarse de que despierte.

¿Cómo dijo, profesor?

Al profesor Layo Brandon, conocedor de mucho y hombre de mundo le pidieron que comentara los problemas actuales en general. El solo dijo: «El asunto está muy obscuro, y cualquier intento de aclarar la situación tiende a desvirtuar los hechos».

¿Cómo dijo, señora?

Doña Yola esposa del bueno de don Layo, decía a su jefe en el trabajo: «Es increíble el número de cosas que logro hacer… si no hago nada más».

¿Cómo dijo, abuelo?

«El mundo es cada vez más complicado», se quejaba el padre del bueno de don Layo, que era aún más bueno. «Ya no puedo defender las tesis que sostengo sin violar mis principios»

viernes, 19 de marzo de 2010

Probados

El bueno de don Layo realiza un ingenioso letrero por encargo de un amigo, para el éxito de un depósito que vende repuestos usados de automóviles:
«Sólo vendemos piezas probadas en carretera».

martes, 23 de febrero de 2010

Interpretación

El profesor Layo Brandon, en su clase de Música pidió a su alumno Quisbert, que interpretara el poema siguiente:

      Por las rejas de la prisión,
      dos presos miraron fuera.
      Uno el lodo sólo vio,
      el otro vio las estrellas.

Quisbert, el pequeño y travieso alumno, que en esta ocasión estaba además pesimista, explicó: «Dos hombres estaban asomados a la ventana de su celda. Mientras uno miraba el barro, al otro le dieron un golpe en la cabeza.»

Ojo Clínico

El ya anciano padre del bueno de don Layo, que era aún más buen, fue al médico y éste le dijo:
Su estado parece crítico. Al observar su ojo derecho, veo que tiene neumonía y reumatismo.
El anciano le contestó:
Pues mire usted el otro ahora, porque da la casualidad que mi ojo derecho es de cristal.

domingo, 21 de febrero de 2010

Cumpliendo tareas

Una mañana de enero el bueno de don Layo oyó que alguien cantaba un villancico en la calle. Cuando abrió la puerta se encontró con una niña.
Andas un poco atrasada, ¿no? – le dijo don Layo.
– contestó la niña −. Es que por la Navidad caí en cama con sarampión.

domingo, 7 de febrero de 2010

Efectividad

El padre del bueno de don Layo que era aún más bueno, un buen día después del almuerzo se quejo de indigestión. Su nuera la señora Yola, que siempre estaba preparada para tales casos, le ofreció unas pastillas.
«Me niego a tomar esa medicina», protestó el abuelo, al ver la caja. «Todas las noches aparece tres o cuatro veces en la televisión una señora quejándose de indigestión, y luego se toma esas pastillas. ¡Y por lo visto no le han sido de ningún provecho!»

lunes, 25 de enero de 2010

Amanecer

Cuando el bueno de don Layo tenía apenas veinte años y, anunció que se casaría al amanecer y en el jardín de su casa, las protestas de sus padres fueron casi unánimes. Aquello no estaba bien; las normas de etiqueta social no lo aprobaban; era demasiado temprano. ¿Qué diría la gente? ¡Locuras de juventud! Pero no hubo maneras de disuadir al joven novio ni menos a la novia, la señorita Yola. Imagínense aquel fresco amanecer. El rocío aún humedecía la hierba. El altar rebosaba de flores. Reinaba el silencio entre la escasa y entumecida concurrencia. El sacerdote acababa de pronunciar las últimas palabras sagradas uniendo de por vida a los dos jóvenes. Entonces, la pareja dio media vuelta hacia el horizonte, y el Sol escogió ese preciso instante para asomarse tras una colina y baño con sus primeros rayos los dos rostros radiantes y enamorados. ¿Quién dijo “locuras de juventud”?

miércoles, 20 de enero de 2010

Disección

En sus años de Universidad, el bueno de don Layo y su compañera de estudios fueron a un barrio periférico de la ciudad que se encontraba junto a un rio, en busca de un anfibio para la clase de Biología. Y se toparon con una escena insólita:
“Una adivina, ante la bola de cristal, hablaba a su cliente, una rana:
Conocerás a una joven hermosa, que vendrá con un acompañante. En cuanto te vea, le invadirá un deseo insaciable de conocerte a fondo. Sentirá un irresistible impulso de acercarse a ti, de ver cómo palpitas. Le fascinarás.
− ¿Dónde será? ¿En un club de solteros?− preguntó la rana.
En una lección de Biología – le contestó la adivina”.

sábado, 16 de enero de 2010

Primeros Auxilios

Mario Quisbert pese a vivir en una zona en su mayoría católica, un ‘hermano evangelista’ no desistía de su labor como instructor de los Boy Scouts del barrio. Un día, Mario llego tarde a la clase de primeros auxilios. El ‘hermano’ sostenía en brazos a uno de los niños y decía; «Bueno, ya le hemos extraído el objeto de la garganta, pero todavía no respira. ¿Qué hacemos?». Nadie contestó. Repitió la pregunta sin obtener respuesta. Cuando, casi suplicante, pidió por tercera vez que le contestaran, se oyó la voz de Mario muy suave que repondría preguntando: «¿Llamamos al cura?»

Cambio de Nombres

En casa del bueno de don Layo.
Si no le importa – le dijo la señora Yola a su nueva empleada doméstica −, la llamaré María. Así se llamaba mi anterior empleada y me disgusta tener que cambiar de costumbres.
En ese caso – repuso la sirvienta −, yo la llamaré a usted señora Pancracia, ya que ese era el nombre de mi anterior señora.

martes, 12 de enero de 2010

Besos o Pelea

Un padre de familia, de visita en el colegio observaba a los niños en el patio a la hora del recreo. Cuando vio un par de chiquillos de unos diez años que se peleaban en el suelo. Un círculo de amigos les jaleaba. El profesor Brandon que pasaba junto a ellos dijo algo, e inmediatamente los chicos se separaron y el grupo se alejó entre risas. Aquello impresionó al visitante, tanto que detuvo al profesor y le preguntó qué había sucedido. Él le contestó: «Uno de los niños, que miraban se volvió hacia mí y dijo: ‘¡Vaya pelea! Yo observé a los muchachos y comenté en voz alta: ‘¿Pelea? ¡Daba la impresión de que se estaban besando!’» «Nunca falla», continuó. «A ningún chico de diez años le gusta dar la impresión de que está besando algo».

jueves, 7 de enero de 2010

Lo Más Difícil

Una amiga del bueno de don Layo estaba a punto de dar a luz a su primer hijo. Al ver que los dolores del parto eran cada vez más fuetes y frecuentes, preguntó al bueno de su amigo antes que a su enfermera:
¿Pasará pronto lo más difícil?
− Amiga, esto será lo más sencillo. Lo difícil durará durante los próximos dieciocho años.

martes, 5 de enero de 2010

Menuda Salida

El profesor Layo Brandon en su clase de Bellas Artes, examinaba la deficiente pintura de su alumno apellidado Quisbert, que representaba un rio y su ladera, entonces el profesor le sugirió que mejorara su composición añadiéndole uno o dos pescadores, convenientemente situados. No tardó el alumno en reclinarse en su asiento, satisfecho, tras haber terminado su trabajo. El pícaro había disimulado muy ingeniosamente su incapacidad para pintar figuras humanas agregando, a la orilla del rio, un letrero que advertía: «PROHIBIDO PESCAR».

domingo, 3 de enero de 2010

Dieta Sana

En los últimos años, el bueno de don Layo, ha procurado que su familia se alimente de un modo más sano. Su hija Yolita a menudo expresa su disgusto por ese motivo. Una tarde, cuando don Layo volvió del supermercado, su hija empezó a sacar las cosas de las bolsas. « ¡No, por favor!», dijo al tiempo que mostraba en alto unas servilletas de papel color tierra. « ¡Servilletas de cereal integral, no!».

Excusa de Excusas

Alumno del profesor Brandon, Mario Quisbert que empezaba a salir con chicas, le preguntó a su profesor por su mayor experiencia:
− ¿Qué haría usted si se hubiera citado con una chica y, después de esperarla durante más de dos horas, se diera cuenta de que la ha dado un plantón?
−Le escribiría un mensaje diciéndole, que sentí mucho no haber acudido a la cita porque tuve un imprevisto a última hora.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Tocayos

Me llamo igual que mi padre: Layo, Layo Brandon. Una tarde, sonó el teléfono y alguien pidió hablar con don Layo.
¿El mayor, o el menor? – preguntó mi madre.
El que llamaba dijo que quería hablar conmigo. Cuando colgué después de hablar, dije a mi madre:
¿No podrías referirte a mí con algo distinto a “el menor”?
La siguiente vez que solicitaron hablar con don Layo, mi madre preguntó:
¿El joven, o el viejo?
Mi padre protestó después:
¿Cómo que “el viejo”? ¡Ni que fuera yo Matusalén!
En ese momento sonó el teléfono otra vez:
¿Está en casa don Layo? – preguntaron.
Mi madre pensó rápido y dijo:
Le contestaré si puede usted describirlo, por favor señor.

Plagio

En un recital poético organizado por el profesor Brandon, para descubrir talentos en composición y declamación, el travieso de su alumno Quisbert recitó un poema plagiado. El profesor Brandon le felicitó y, dirigiéndose al público, declaró: «Amigos, nos ha sorprendido agradablemente que un gran poeta, recientemente desaparecido, se haya presentado ante nosotros disfrazado. Acaban de oírle recitar su más celebrado poema».

martes, 22 de diciembre de 2009

Coloreados

Quisbert, Mario Quisbert tenía muchísima caspa. Había recurrido a todos los remedios imaginables, pero ninguno le daba resultado. Por último, junto a su madre y desesperado, consulto con cuatro peluqueros el mismo día.
El primero le trató el cuero cabelludo con un tónico de color verde. El segundo empleó una loción roja, el tercero le aplicó una crema azul, y el último, un líquido de vivo color púrpura. Tres días después, Mario le contó a un amigo que la caspa le había desaparecido por completo.
¡Eso es estupendo! – dijo el amigo −. Estarás contento.
No lo creas – respondió Mario −. Lo que más me preocupa ahora, es deshacerme del confeti.

Diligentes

El padre del bueno de don Layo, que era aún más bueno, era dueño de una bodega. Cierto día, fue a buscar a uno de sus empleados, a Mario Quisbert que en sus vacaciones escolares trabajaba de ayudante, y gritó:
¡Mario! ¿Dónde estás?
− ¡Arriba, jefe! – fue la respuesta, desde el desván.
¿Qué estás haciendo allí? – insistió el dueño.
Ayudando a Juan, jefe.
− ¿Y qué está haciendo Juan?
− ¡Nada, jefe!

viernes, 18 de diciembre de 2009

Buena Definición

¿En qué consiste el sentido del humor?
No es, desde luego, la capacidad de entender un chiste. Proviene más bien, del sentimiento del propio absurdo. Es el arte de comprender una broma… y que la broma sea uno mismo.
Prof. Layo Brandon

La Caída

El profesor Layo Brandon, conocedor de ciencias y mucho más, iba una tarde por la calle cuando inesperadamente con el bordillo de la acera tropezó y cayó de bruces.
Al ver la sangre que rápidamente brotaba de una herida en la frente, le sucedió algo muy extraño. Más tarde escribió el profesor:
“Confuso y dolorido, murmuré: ‘¡Ay! No se vayan… lo siento’.
Aquellas palabras iban dirigidas a una parte de mí ser.
Hablaba a las células sanguíneas, fagocitos, plaquetas… todas aquellas maravillas, independientes, móviles, vivientes, que habían sido parte mía y, ahora, debido a mi torpeza y falta de cuidado, morían cual peces fuera del agua sobre el ardiente pavimento.
Sabía que estaba compuesto por millones de estos entes diminutos que, con trabajo y sacrificio, corrían veloces a sellar y reparar mis tejidos rotos.
Yo era su galaxia.
Por primera vez, los amé conscientemente.
Me pareció entonces, y ahora al recordarlo lo pienso así, que en mi caída había causado, en el universo que habitaban, tantas muertes como la explosión de una supernova en el cosmos”.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Al Teléfono (1)

La esposa del bueno de don Layo, la señora Yola, pregunta:
¿Qué se debe hacer al descubrir que contesta una grabación? Yo suelo colgar, pues detesto hablar con una máquina. Sé que esto no es correcto; pero, ¿qué hago?
Don Layo, responde:
Es perfectamente correcto colgar a una máquina. En realidad, no puede hablarse de comportamiento correcto o incorrecto entre persona y máquina. Ya es bastante difícil ser corteses entre nosotros como para preocuparnos de tratar a las máquinas con gentileza.

Al Teléfono (2)

La esposa del bueno de don Layo, la señora Yola, pregunta:
¿Cuántas veces, cuando llamo, debo dejar que suene el teléfono antes de colgar? Me disgustan los “fantasmas de tres timbrazos”.
Don Layo, responde:
Seis veces; tal vez ocho. Y si sospechas que la persona está allí, cuelga y vuelve a llamar. Esto te dará dos oportunidades de marcar correctamente el número, y a la otra persona, tiempo para salir de la bañera.

Al Teléfono (3)

La esposa del bueno de don Layo, la señora Yola, pregunta:
Una amiga me llamó a casa y, durante toda la conversación, estuvo comiendo zanahorias crudas. Traté de hacer caso omiso de los ruidos, pero eran muy desagradables. ¿Habría sido correcto decirle: “Por favor, vuelve a llamar cuando termines de comer”?
Don Layo, responde:
Bueno, estoy de acuerdo contigo, excepto en lo que se refiere a censurar directamente a las personas por sus errores de comportamiento social. Yo prefiero en estos casos las acusaciones indirectas, como: “Cuelga y marca otra vez; hay interferencia en la línea. Al parecer se atravesó una zanahoria”.

Al Teléfono (4)

La esposa del bueno de don Layo, la señora Yola, le cuenta:
Hace poco me enteré de una anécdota que pensé que te gustaría. Un ex director general de Correos, reveló en su libro una manera ingeniosa de interrumpir a quienes se eternizan hablando por teléfono. Sugería colgar mientras uno estaba hablando. El otro creería que se había cortado la llamada accidentalmente, porque nadie cuelga mientras habla.
Don Layo, reflexionó y dijo:
Eso es a la etiqueta, lo que el suicidio a la Ley; es indebido, pero imposible de castigar. Ambas son soluciones definitivas, aunque extremas; sin embargo, hay que reconocer que suelen ser respuestas a problemas de gravedad extrema.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Todo en Televisión

Una amiga del bueno de don Layo, se quejaba de la mala calidad de los programas de televisión.
Veo muy poca televisión – le decía don Layo −; me gusta más el mundo real.
¿Sí? – preguntó la amiga −, ¿y en que canal pasan ese programa?

Una De Dos

El apuesto e inteligente Mario Quisbert – dejando de lado su timidez – se sentó al lado de una guapa muchacha en el patio del colegio a la hora del recreo. Nunca habían hablado de nada en particular, y le impresionó su cordialidad. Al volver a sus aulas, le habló de su pequeño escondite secreto en el jardín de su casa, para su sorpresa, le preguntó si le gustaría pasar allí la tarde del sábado próximo. «Sólo nosotros dos, en secreto, dueños de mi jardín y el mundo…» Aquello parecía muy romántico, pero demasiado rápido para la chiquilla. Le dijo, pues, que tendría que pensarlo. Corrió a su mesa y no pudo dejar de contarle todo a su compañera. « ¡Yo creo que tienes que ir!», le dijo. « ¡Se llevará una gran decepción si las dos rechazamos su invitación!».

Una Sola Pregunta

El profesor Layo Brandon goza fama de ser muy bueno fuera del colegio y también de ser muy estricto dentro. Cierto día, dos de sus alumnos se referían a uno de sus exámenes.
El profesor Brandon debe de estar ablandándose dentro del colegio – decía uno de los estudiantes −. Yo no pude asistir a su clase el otro día, pero me dijeron que se limitó a hacer una sola pregunta.
¡Ah, sí! ¡Ya lo creo! – respondió rápido, su compañero, mirando al cielo −. Nos dijo que describiéramos el universo y le pusiéramos dos ejemplos.

martes, 8 de diciembre de 2009

La Lista

Durante uno de los más memorables enfados habidos entre el bueno de don Layo y su esposa la señora Yola, ella se levantó de la silla, cogió dos hojas de papel y dijo: «Hagamos, cada uno, una lista de lo que no nos gusta del otro».
La señora empezó a apuntar. Don Layo la miro durante algunos minutos con el entrecejo fruncido, y luego anotó algo en el papel. Ella volvió a escribir. Don Layo la observaba y, cada vez que su esposa se detenía, él seguía con su lista.
Por fin terminaron. «Intercambiemos las quejas», indico don Layo. Así lo hicieron. «Devuélveme mi lista», le pidió su esposa cuando vio las anotaciones de su marido. En toda la hoja, el bueno de don Layo había escrito: «Te quiero, te quiero, te quiero,…»

viernes, 4 de diciembre de 2009

El Turista

El bueno de don Layo, todo un turista regresa al hotel después de recorrer la cuidad:
Perdone – dice al recepcionista −, pero tengo una memoria horrible. ¿Puede decirme en que habitación estoy?
Desde luego – le responde, amablemente, el empleado −, está usted en el vestíbulo.

La Paz Empieza 'Ya'

Quisbert, Mario Quisbert a punto de cumplir un año más adentrándose también más en la adolescencia, a él su madre le preguntó que qué le gustaría para ese día especial. El le respondió que ‘un mundo en el que reinara la paz’. Pero luego, se quedó atónito cuando vio que su equipo de música había sido retirado de su habitación.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Suavidad Exterior

En una tienda de lencería, el bueno de don Layo quería comprar un camisón para regalárselo a su esposa, decía a la vendedora que la tela debía ser suave. Aquella le enseñó un bonito modelo con cuello de encaje. Don Layo tocó la tela y, señalando el encaje, preguntó:
¿Está segura de que esto no raspa?
¡Claro que no raspa! – contestó la vendedora −. Además, el encaje va por fuera.
Lo sé – agregó don Layo −, pero ahí es donde estaré yo.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Colado Detrás

Una mañana, cuando el bueno de don Layo iba en su moto a su trabajo, un policía que circulaba delante de él se saltó un semáforo en rojo. El hizo exactamente lo mismo, y el agente le indicó inmediatamente que se detuviera junto a la acera. Antes de que pudiera sacar el talonario de multas, le dijo: «Lo siento, agente, me he limitado a seguir a la ley». El poli sonrió y le hizo ademán de seguir su camino.

Cúmulo o Montón

El profesor Sir Layo Brandon, en su clase de Geofísica, hablaba sobre las maravillas del universo.
Este mundo en que ustedes viven, esta Tierra grande, vibrante, rotatoria, es una congerie de increíbles maravillas.
Tras una larga pausa, muy preocupado su alumno Quisbert, que estaba atento en primera fila, dijo:
Pues a nosotros no nos parece tan mal.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Entrometido en Doble Error

El bueno de don Layo, durante un vuelo de São Paolo a Madrid, ocupó el asiento contiguo al de un desagradable pasajero que se pasó la mayor parte del tiempo molestando a un auxiliar de vuelo, el cual satisfacía rápidamente cada exigencia de aquél. En cierto momento, su indeseable vecino de asiento le dijo al auxiliar:
− Jamás me había tropezado con una persona tan estúpida como usted.
En cabio, usted es el caballero más afable que he conocido – afirmó el auxiliar de vuelo con tono tranquilo.
Pero es muy probable que ambos estén equivocados – dijo don Layo, entrometiéndose.

martes, 24 de noviembre de 2009

Horarios Diferentes

Todas las noches, después de que sus padres se durmieran, Mario Quisbert el travieso iba de puntillas a la sala de estar y llamaba por teléfono al azar a distintas personas, hasta que se aburría y se quedaba dormido.
Una noche, su madre se sentó en el sofá, a esperar la llegada del bribón, al que había desenmascarado.
¿Sabes? – le dijo, cuando Mario apareció a las tres y cuarto de la madrugada −. No se debe telefonear a la gente por la noche. A estas horas, todo el mundo está durmiendo, y no está bien despertar a nadie con una llamada.
− ¡Bueno, no te preocupes, mamá! – dijo el pequeño −. Si marcas muchos números seguidos, te contesta gente de muchos lugares donde ya ha amanecido.

lunes, 23 de noviembre de 2009

El Buen Conductor

Un alumno del primer curso de primaria cortó de su jardín una enorme rosa roja para llevársela a su maestra. Soplaba un viento muy fuerte, y al dirigirse al bus-escolar que esperaba, las ráfagas le fueron arrancando los pétalos uno a uno. Cuando con expresión de tristeza subió al vehículo, no le quedaban más que un tallo con uno o dos pétalos. El bueno de don Layo que conducía el bus-escolar, hizo después una parada imprevista. Los alumnos le vieron acercarse y luego hablar con alguien a la puerta de una casa. Y a su regreso puso en manos del chiquillo una rosa aún más hermosa, cortada con permiso de su dueño.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Astucia

Dos empleados del colegio comentaban:
El jefe, el profesor Brandon, ha convocado una reunión para hoy a las cuatro – dijo uno.
¿Porqué quiere siempre que sean en viernes y a las cuatro de la tarde? – preguntó el otro.
Por que todos se apresuran en darle la razón.

Buena Idea

Una madre de familia se quejaba al profesor Brandon, de que sus dos hijos pequeños discutían constantemente por el reparto de las cosas.
¡No aguanto más! – decía angustiada.
Es un problema fácil de resolver – respondió el profesor −. Simplemente, escoja a uno de ellos para que haga el reparto y deje que el otro elija primero.

Contra el Parabrisas

Al lugar donde acababa de ocurrir un accidente automovilístico, se acercó apresuradamente el bueno de don Layo y vio una escena espantosa en el interior del coche, contra el parabrisas. Sin detenerse, corrió hasta el teléfono más cercano para solicitar una ambulancia, y en seguida volvió al automóvil por ver si podía prestar algún auxilio.
¿Está usted herido? – preguntó don Layo al conductor, que parecía que se movía junto al volante.
No, en absoluto – contestó tan tranquilo, el conductor −, pero, la ‘pizza’ que traía ha quedado hecha una plasta en el parabrisas.